lunes, octubre 13, 2008

Demasiada información, demasiados canales


En 2005, una encuesta de la Kaiser Family Foundation entre niños y jóvenes americanos de 8 a 18 años nos hablaba de la hiperactividad, la productividad de estos en los nuevos entornos digitales y multimedia. Un reciente estudio en UCLA mostraba cómo las nuevas generaciones son las más multitarea de la historia, mostrando además escasos intervalos de atención a cada tarea (ahora consulto Gmail, ahora respondo en twitter, ahora leo los titulares de un artículo y….dado que teletrabajo, atiendo al timbre, al cartero que me trae alguna buena nueva ;)) . El caparazón, 10sept2008

El artículo de Dolores Reig apunta a parámetros para captar la atención del visitante o lector de páginas. Pero a mí me hizo reflexionar más bien sobre nuestra actitud al navegar por la web, leer los últimos post de nuestros blogs favoritos o abrir nuestro correo electrónico:
¿Hacéis “zapping” en este blog? ¿Tendemos, ante la sobreinformación, a leer en diagonal o “de negrita en negrita”?

No solo mantenemos abiertas varias pestañas en nuestro navegador: al mismo tiempo estamos utilizando el procesador de textos para redactar algún trabajillo o artículo, se nos tuerce el cuello intentando mantener una conversación telefónica e incluso tenemos frente a nosotros la tele puesta. ¿Qué porcentaje de atención dedicamos a cada una de estas tareas? ¿En qué medida es perjudicial la multiatención para nuestra mente (porque buena no creo que sea, al menos a tal extremo)?.
Supongo que para conocer este daño o beneficio (?) tendrán que pasar años, pero una consecuencia tan inmediata como innegable es el estrés. Y el descenso de rendimiento en la actividad laboral o discente, a no ser que seamos verdaderas máquinas.
No se trata de limitar nuestra actividad, sino de ordenarla y organizarla inteligentemente. ¿Qué somos capaces de hacer en un tiempo determinado? ¿Cuántas actividades y qué actividades podemos compatibilizar para ejecutar todas ellas con efectividad?
Es posible, por ejemplo, hablar por teléfono y arreglar fotografías a un tiempo, pero no hablar y escribir un artículo. Es perfectamente compatible una actividad mecánica con una intelectual o creativa. Incluso se puede escuchar música o tener de fondo la tele (sin pretender verla realmente) al mismo tiempo. Pero no se puede pretender trabajar con cuatro ventanas de chat abiertas al mismo tiempo. Ni siquiera se puede chatear, a no ser que solo se pretenda decir "jajajajaja..." o lanzar emoticones.
El correo, muchas veces, supone por sí mismo un estrés adicional. Se hace necesario seleccionar los contactos y los envíos de estos. No tiene por qué cortarnos decirle a un amigo que no nos interesan los powerpoint de autoayuda o los vídeos de batracios. Si vuestros corresponsales son los adecuados, supondrá un relax hacer una pausa para recrearnos con el último chistecillo.
La avalancha de información es tal que prácticamente resulta imposible leer un artículo de principio a fin. Cierto que nuestra intuición se afina, pero podemos ayudarnos suscribiéndonos a aquellas páginas que realmente nos interesan.Lo importante es aprovechar nuestro trabajo, rentabilizar el ocio y evitar el estrés.

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