domingo, enero 14, 2007

Alcestis VI: Llegada de Heracles



(aparece Heracles en escena)

CORIFEO (hombre)

Con qué frecuencia son los héroes simples juguetes del destino. Con que frecuencia víctimas. Ahí tenéis, quizá, al más desgraciado. ¿Qué te trae por aquí, amigo mío?

HERACLES

En mal momento, según observo. Hay luto en casa de mi amigo. ¿Quizás ha muerto alguno de sus ilustres progenitores? ¿Su madre o su venerable madre?

CORIFEO (hombre)

Peor que eso. Ha muerto Alcestis, la más excelente de las esposas.

HERACLES

Pero... ¿cómo ha podido ocurrir? Estará destrozado, Admeto. ¿Dónde puedo encontrarlo?

CORIFEO (hombre)

Son muchas tus preguntas. Confórmate sabiendo que ella ha partido llena de gloria, que se hablará de ella mucho tiempo.

HERACLES

¿Quizás ha ofrecido ella su vida...?

CORIFEO (hombre)

Tú lo sabes, entonces. Así ha sido.

HERACLES

Sí, Admeto me lo dijo. Me habló de Apolo y su pacto con el dios. Yo quise prevenirle. Pero no pensé que fuera ella la futura víctima. Ni siquiera pensé que fuera a haber, de hecho, una muerte. Yo vengo también cumpliendo una condena. Uno de los estúpidos trabajos que Euristeo me manda para satisfacer su orgullo, y de paso el de la divina Hera, que no puede perdonarme el ser, a fin de cuentas, un bastardo.

CORIFEO (hombre)

Ten temor de los dioses. Nadie puede ofenderlos sin recibir su castigo.

HERACLES

Yo ya no tengo nada que perder. Voy en busca de las yeguas de Diómedes, el tracio.


CORIFEO (hombre)

Dicen que se alimentan de carne humana. ¿No las temes? ¿Ni a ellas ni a su dueño?

HERACLES

En absoluto, y no es jactancia. Lo único que tengo a mi favor es una fuerza sobrehumana. No tengo inteligencia o astucia, como el hijo de Laertes, no tengo una mujer que haga el trabajo por mí, como Teseo o Jasón , no tengo la ciega vocación de gloria que tiene Aquiles, el hijo de Peleo. Si las capturo les daré como alimento la misma carne de su dueño. Y no me causará placer esa venganza, que no es mía. Y no me satisfará librar al mundo de esa plaga, puesto que los hombres han de morir de todas formas. La fama que yo deje tras de mí es solo una cuestión de rigurosa mecánica.


CORIFEO (hombre)

Siento escuchar tanta amargura en tu voz y en tus palabras. Tan doloroso sarcasmo.
Pero ahí llega Admeto. Consuélalo si puedes. O, por lo menos, acompáñalo. Ya nos cuesta trabajo escuchar tan incesante llanto. No lleva precisamente con dignidad su pérdida.

HERACLES

No es mi especialidad andar con paños calientes.
Admeto, siento la muerte de tu esposa. Era la mejor de las mujeres. ( al Corifeo:) Así he de decirlo, supongo.

ADMETO

Gracias, amigo. Has llegado rápido. Se ve que las noticias vuelan.

CORIFEO (hombre) (en voz baja y para Heracles)

No le digas que pasabas por aquí por casualidad.

HERACLES

He venido en cuanto me he enterado. Eres mi amigo.

ADMETO

Nuevamente te doy las gracias. Toda ayuda me es poca. No sé cómo voy a seguir viviendo.

HERACLES

Tienes que sobreponerte. De lo contrario, el sacrificio de ella sería inútil. Oraremos juntos. Haremos juntos los sacrificios rituales.

CORO

El llanto mercenario
Hiere igual los oídos.

Enterraré mi luto un poco lejos
Donde nadie lo escuche
Pues mi pena es auténtica.

Ensucian mis sentimientos las lágrimas fingidas
Pero yo misma simularé aun más dolor del que ya siento.
He de alejarme
Para morir un poco
Pero llorar tranquila.
La estridencia hiere mi corazón.
Palomas negras
Sacrificaré en mi pecho.
Una sangre que no alimente a nadie.
Que a nadie pertenezca.
Dejadme sola lejos del viento frío
Que os sacude los huesos.
Tengo un lugar dentro de mí donde habita la pena
De forma permanente.
Allí se amansará la nueva pérdida.

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