miércoles, noviembre 15, 2006

Alcestis IV: Los amantes


Llega Ademto.
Sacude el llanto su espalda temblorosa.

ADMETO

Voy a perder a la mejor de las mujeres. ¡Alcestis! ¡No me dejes!

ALCESTIS

No pidas imposibles. En todo caso, no es a mí a quien corresponde hacer esas súplicas inútiles. Hay un templo allá, al final de la avenida. Luctuosos cipreses la flanquean. (para sí misma) Hoy todo es sombra. Hoy hasta el campo parece cubierto de ceniza. Debe ser el velo de la muerte, ya en mis ojos.

ADMETO

Quédate conmigo, por favor, no me abandones.

ALCESTIS

Ya quisiera... Y quisiera también no tener memoria cuando llegue allá abajo. No sé si se tienen recuerdos cuando no se tiene un cuerpo tangible, unos ojos con brillo, una voz que deje un eco... Pero quisiera no tener que añorar estas estancias, las voces de los niños, sus suaves manecitas, el calor de tus abrazos...Admeto: me gustaría escuchar de tus labios, por última vez, que me has querido.

ADMETO

Claro que te he querido, como no imaginaba que se podía querer a esposa alguna. No te conocía cuando te trajeron a mi casa, solo sabía de ti que convenías como futura reina, que eras sensata, la única de entre tus hermanas que no propició con su imprudencia la muerte de su padre, el anciano Pelias. Calla, no tienes que recordarme que ellas no sabían del final amargo que le esperaba al viejo. Hablo de nosotros ahora. Déjame recrearme recordando la primera vez que vi tu rostro, sin esperar que fuera tan bello, sin esperar que llegaría a ser más bello todavía, más bello para mí que cualquier rostro. Déjame recordar tu tímida voz entrecortada cuando me hablaste por primera vez. La suavidad de tu piel, inesperada. Todos estos años, en realidad muy pocos, compartiendo contigo las noches y los días... Nuestros hijos, pequeños, tan parecidos a ti... No, no sé cómo voy a poder vivir después de esto.
El cielo tiene el color de tus ojos. No habrá cielo para mí.
El sol tiene la luz de tus cabellos. Viviré solo en la sombra.
La música tiene la cadencia de tu voz. No entrará más la música en la casa.
Taparé mis oídos, cerraré mis ojos y mis labios.
Ojalá no despertara. Ojalá el día no se abra más ante mí, si tengo que soportar tu ausencia.

CORO

En todos
Los lugares del mundo
Los amantes
Se cogen de las manos.
En todos
Los lugares del mundo
Derraman las palabras
Lisonjeras
Y las risas
Las promesas
Son semillas de luz.
No importa si se cumplen.
Si las manos
Permanecen calientes
Si los ojos
Continúan brillantes
Si los labios...
En todos
Los lugares del mundo
Caen las brasas
De múltiples pasiones
De pasiones efímeras
E igualmente gloriosas
Y dignas de recuerdo.
No cubráis con ceniza
Su memoria.
Que las manos
Partan hacia otras manos
Que los ojos
Se desvíen a otros
Y las bocas
Vuelvan a prometer
A otras
Que amarán para siempre
En ese breve instante.
Qué importa lo que dure.
Para siempre.

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