domingo, mayo 21, 2006

LLANTO DE ALCESTIS

Despreciando la flor, la planta suculenta,
Pasó el pájaro.
Desgarrando las nubes las balas como perlas,

Pasó el pájaro.

La lluvia lavó el remordimiento,

El polvo de los nidos, la atónita esperanza.

Llanto de Alcestis sobre la fruta tibia.

Llanto de Alcestis,

Consuelo del verano.


Si se convirtiera en cervatillo mi corazón
Tampoco lo querrías.
Pastaría en la tumba desolada hasta quedar
Herido por el hielo,
Saciado del rastrojo.
Las flechas silbarían al rozar sus flancos.

Si fuera de diamante pulido mi cerebro
Tampoco lo querrías.
Yacería en la cripta rodeado de muertos,
Ciánotico de esperas,
Agrietado de frío.

Si mi cuerpo fuera música tampoco lo querrías.

Puedes decir que yo ya no soy nada.

Yo, dos veces Alcestis,
Náufraga de la risa,
Devoradora de espumas,
Restos de azúcar al borde de las copas.
Dónde he habitado en realidad,
Qué filtros manejaron mi estatura.
Mujer, ah, servidumbre.
Siempre hay un muro,
Un cansancio,
Un veneno, un antídoto,
Un camino por la luna.

Que ella sepa que ha de morir llena de gloria.

Cuál fue la última noche
Que vio volver al reincidente,
Las manos extendidas,
La excusa de mi gozo,
Siempre un pliegue
Para disimular la caricia emponzoñada,
El escarnio,
La mentira.
Cómo intuye la traición el suave tacto
Y me devuelve la piel la piel ajena.

Muerta serás llamada mi única esposa.

Llanto de Alcestis,
Consuelo del verano.
Cómo evitar la búsqueda del pecho y caliente
Que nos recibe atento y con reservas,
Preparando el ambiente
Para otra.
Allí, donde te encontró la muerte, permanece.
Que nadie te traslade ni autorice la autopsia.
Que cuando cierren tus ojos te amordacen,
Quiebren el arco azul de tus palabras,
Drenen el lago azul de tu memoria.
Que el que no comprendió tome tus manos
-cuidada manicura-
y llore y se conduela.
No enterraré cadáver más querido.
Y recuerde la góndola,
el libro compartido,
el aroma del vino,
la rosa solitaria,
la película,
la isla virgen,
destino imaginario,
el marco barroco para el lecho,
tu pasión incesante.
Y llore y se conduela
De su propio dolor inesperado.

Llanto de Alcestis,
Sacudiéndose el ultraje y la fatiga
En los limos del Tártaro.
Se ha secado la fuente inagotable.
Concluyó
Aquello que eterno parecía.

Ahora de repente busca él reinventar la historia,
Encontrarla especial, intensa, perdurable.
No regreses.
Deja que mantenga la leyenda,
Que su fidelidad prolongue
Lo que duren los breves funerales.
Que la lágrima fuerce
Y escriba el epitafio.
Que esparza tus cenizas no sé dónde.

¡Ah, infeliz, qué compañera has perdido!

Versos en violeta: Eurípides, ALCESTIS

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