jueves, marzo 23, 2006

Una visita agridulce

El pasado día 20 hicimos un recorrido por nuestra ciudad con el objetivo de conocer su ordenación geográfica y nuestro patrimonio. Comenzamos nuestra visita por la plaza de la Encarnación, punto caliente en la actualidad desde el punto de vista patrimonial, pues se continúan las obras que amenaza la conservación de los restos de la Sevilla musulmana y romana. Mientras, observábamos como una máquina excavadora intentaba sin éxito, por el abundante barro, sacar de allí los restos romanos enfundados en bolsas negras como si fuesen basura o algo peor ya que estaban también hundidas en el fango.
Tras este claro atentado contra nuestro patrimonio seguimos hacia la iglesia de Santa Catalina en la que vimos cómo una leyenda colocada en la pared exterior de la iglesia nos indicaba que la portada de la misma había sido arrancada de otra para colocarla allí, cosa que no se podría hacer hoy ya que la ley lo prohíbe.
Seguimos caminando y caminando visitando monumentos y lugares recónditos que muchos no habíamos visto nunca a pesar de vivir en esta ciudad, como las columnas del templo romano de la calle Mármoles, por ejemplo. Vimos también algunos de los pocos adarves que nos quedan en el centro histórico y que los vecinos privatizan dejando a los ciudadanos sin poder disfrutarlos, algo así como si nos prohibiesen entrar en nuestra casa.
Tras una parada para reponer fuerzas volvimos a la plaza del Salvador, iglesia casi catedral por sus dimensiones, que se encuentra en la plaza del mismo nombre y que en estos momentos se encuentra de reformas. Allí se han encontrado miles de cadáveres de los antiguos ciudadanos que querían descansar en paz en lugar sagrado y otros restos arqueológicos como los de la antigua mezquita al-hama, entre otros. Continuamos nuestra visita, mientras contemplamos con estupor la contaminación visual que nos rodea en el propio centro histórico, con la colocación de carteles por todos sitios sin respetar nada. En un intento por reivindicar nuestro patrimonio usurpado como el Patio de los Naranjos de la catedral, lugar obligado en esta visita, intentamos acceder a él pero una guardia de seguridad nos impidió el paso. Hay que pagar para entrar.
Finalmente, vimos cómo la muralla almohade y la calzada romana de la calle san Fernando estaba siendo enterrada como si no hubiese pasado nada. De nuevo, otra agresión contra nuestro legado patrimonial. Queríamos más y, gracias a la amabilidad de un guardia de seguridad, pudimos acceder a las Atarazanas que, aunque se encuentran en reforma, se están convirtiendo en un centro de uso cultural.
A las 19:00, la visita se dio por terminada. Una salida amena y didáctica además de orientativa. Después de esto estoy seguro de que todos aprendimos mucho más sobre nuestra ciudad y ninguno de los que asistimos nos volveremos a perder en ella.
Fran Castro, 2º Bach A

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